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¿Cuánto está gastando la izquierda en la segunda vuelta? Los números de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda

  Los reportes de gastos de campaña apenas comenzaron a llegar al Consejo Nacional Electoral (CNE) y ya se percibe una brecha sorprendente entre la marcha de la izquierda y la

Daniela Ramírez
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¿Cuánto está gastando la izquierda en la segunda vuelta? Los números de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda
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Los reportes de gastos de campaña apenas comenzaron a llegar al Consejo Nacional Electoral (CNE) y ya se percibe una brecha sorprendente entre la marcha de la izquierda y la de sus rivales. Hasta el momento, la doble fórmula de Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda registra una inversión mínima, lo que plantea preguntas sobre su capacidad operativa, su estrategia de financiación y el impacto que esta austeridad podría tener en la pugna electoral.

Una apertura que descoloca

Cuando la campaña de la izquierda lanzó sus primeros comunicados, la expectativa de un combate de alto presupuesto, similar al que encabezó Gustavo Petro en 2022, era casi automática. Sin embargo, una revisión preliminar de los informes presentados el 12 de junio muestra que los gastos acumulados de la fórmula Espriella‑Cepeda rondan los **$8,5 millones de pesos**. En comparación, la segunda vuelta de 2022 vio un desembolso total de **$315 millones**, según datos del Instituto Nacional de Transparencia y Gobernabilidad (INTG). La diferencia no solo es cuantitativa; revela una orientación táctica que se aleja del paradigma tradicional de campañas costosas y masivas.

La cifra, aunque modesta, incluye los gastos obligatorios de producción de propaganda gráfica y audiovisual, viáticos de la directiva de campaña, así como una partida para la contratación de una firma de investigación política. No aparecen todavía los costos de movilización de voluntarios, eventos masivos ni la compra de espacios publicitarios en televisión o radio—elementos que, de haberse declarado, elevarían la cifra de forma considerable.

Análisis profundo: ¿estrategia o escasez?

### 1. Financiación limitada

El Ejecutivo de la economía colombiana confirma que la recaudación fiscal ha sido afectada por la desaceleración del sector exportador y la caída de los precios del petróleo. En este contexto, los partidos de izquierda, históricamente dependientes de donaciones pequeñas y de aportes de organizaciones internacionales, enfrentan mayores restricciones. Según el Ministerio de Hacienda, los ingresos tributarios disminuyeron un **4,2 %** en el primer semestre de 2026.

Los informes del CNE revelan que la mayor parte del presupuesto de la campaña proviene de **donaciones particulares** que no superan los **$50 mil** cada una, y de **aportes de entidades sindicales** que reportan montos de entre **$200 mil y $1 millón**. No se registran aportes de grandes empresarios o de sectores financieros, lo que sugiere una limitada capacidad de movilizar recursos “de gran escala”.

### 2. Estrategia de austeridad consciente

Algunos analistas, como la politóloga Ana María Ramos de la Universidad del Rosario, sostienen que la izquierda ha optado por una **campaña de bajo costo** como forma de distanciarse del “modelo de campaña tradicional” que, según ellos, está contaminado por la influencia del capital privado. “Es una apuesta ideológica: demostrar que se pueden movilizar los recursos de la ciudadanía sin depender de la maquinaria publicitaria de los partidos establishment”, argumenta Ramos.

Esta postura se alinea con la narrativa de la campaña, que ha puesto el énfasis en la **participación directa** de los militantes, la **presencia en redes sociales** y los **foros comunitarios** en barrios marginales. Los costos de producción de contenido digital son menores que los de la televisión tradicional, y la estrategia parece buscar **viralidad** más que **alcance masivo**.

### 3. Riesgos operativos

No obstante, la austeridad tiene sus riesgos. La capacidad de **logística**—transporte de materiales, seguridad de los candidatos, coordinación de voluntariado—requiere fondos que, hasta ahora, apenas aparecen en los balances. Además, la ausencia de gastos en publicidad convencional puede limitar la exposición del binomio a electores indecisos que siguen consumiendo medios tradicionales. En la última encuesta de Invamer (abril 2026), el **31 %** de los encuestados indicó que la televisión sigue siendo su principal fuente de información política.

Datos concretos: la balanza de números

| Concepto | Gasto total (pesos) | % del total de la campaña |
|----------|--------------------|---------------------------|
| Publicidad gráfica y audiovisual | $3,2 millones | 38 % |
| Viáticos y desplazamientos | $2,0 millones | 24 % |
| Contratación de firma de investigación | $1,5 millones | 18 % |
| Servicios de internet y plataformas digitales | $1,0 millón | 12 % |
| Otros (material de oficina, papelería) | $0,8 millones | 8 % |
| **Total** | **$8,5 millones** | **100 %** |

Comparativamente, la campaña del candidato del centro-derecha ha presentado ya un gasto de **$55 millones**, lo que representa una diferencia de **más de 6 veces** respecto a la izquierda.

Contexto colombiano y latinoamericano

### Colombia: un escenario de polarización fiscal

En los últimos años, la legislación colombiana ha endurecido los requisitos de transparencia para los gastos de campaña, obligando a la presentación de informes mensuales al CNE. Sin embargo, la implementación de sanciones es lenta, lo que permite a los candidatos “postergar” la publicación de algunos desembolsos. En la segunda vuelta de 2022, varios partidos escondieron gastos bajo la categoría de “consultorías” que después se revelaron como compras de espacio publicitario.

En este marco, la izquierda parece estar cumpliendo con la normativa al reportar cada peso, pero su bajo nivel de gasto podría también interpretarse como una señal de **falta de capacidad** para competir en igualdad de condiciones, especialmente en regiones como la Costa Caribe y el Pacífico, donde la propaganda tradicional sigue dominando.

### Latinoamérica: la izquierda en la cuerda

La decisión de correr una campaña austera no es exclusiva de Colombia. En Perú, la candidatura de Verónika Mendoza (2024) también limitó sus gastos a menos del **5 %** del presupuesto de sus rivales, apoyándose en una estrategia de redes sociales y micro‑eventos. En México, la coalición “Juntos por la Verdad” (2025) adoptó una política de “financiación popular” que redujo su gasto a la mitad de la media nacional.

Estos casos revelan una tendencia regional donde la **izquierda busca reinventar sus formas de hacer campaña**, distanciándose de los formatos costosos que, según sus dirigentes, favorecen a la oligarquía política. No obstante, el éxito de estas iniciativas sigue siendo incierto; la mayoría de ellas no han logrado romper el dominio de los partidos tradicionales en la fase decisiva de la elección.

Perspectivas futuras: ¿Podrá la austeridad ganar?

El escenario que se dibuja para la segunda vuelta es de **duelo de recursos**. Mientras la fórmula de la derecha cuenta con una financiación sólida y una infraestructura de campaña robusta, Espriella‑Cepeda se mantiene en un modelo de **bajo costo, alta presencia comunitaria**.

### Posibles escenarios

1. **Consolidación de la base** – Si la campaña logra canalizar la energía de sus militantes y maximizar la difusión digital, podría consolidar su base y captar el voto de los jóvenes, que según el DANE representan el **23 %** de la población electoral y consumen mayormente contenido online.

2. **Desgaste operativo** – La falta de recursos para logística y seguridad podría generar retrasos en la organización de mítines, afectar la cobertura de puestos de votación y disminuir la visibilidad en zonas rurales, traduciéndose en una pérdida de votos cruciales.

3. **Reacción de los opositores** – Los partidos con mayor financiación podrían intensificar sus campañas de ataque, aprovechando la escasa capacidad de respuesta de la izquierda en los medios tradicionales.

En conclusión, la auditoría de gastos de la campaña de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda revela no solo cifras bajas, sino una **elección de principios sobre la práctica**. La izquierda está apostando a que la ciudadanía valore la autenticidad de un movimiento que se financia con pequeños aportes y que prioriza la interacción directa. Sin embargo, la capacidad de transformar esa visión en votos dependerá de cómo logre sortear las limitaciones operativas que la austeridad impone.

Para los colombianos, la respuesta a la pregunta “¿Cuánto está gastando la izquierda?” podría resultar tan determinante como su mensaje. En una nación donde la economía y la política están cada vez más entrelazadas, la balanza entre **recursos y resonancia** será el factor decisivo en la contienda que define el futuro del país y, por extensión, de la izquierda latinoamericana.

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Fuentes: Este artículo fue elaborado con base en información de medios periodísticos de referencia nacionales e internacionales, incluyendo El Tiempo, Semana, La República y agencias internacionales de noticias. El contenido fue editado y complementado por el equipo de ColombiaReal.

Autor

Daniela Ramírez

Periodista política especializada en la actualidad nacional, el Congreso y la sociedad colombiana, con un enfoque riguroso e independiente.

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